¿Qué me falta?

Previo: En el post “50 años” decía:

“… no quiero tener la misma sensación que se tiene en un partido de fútbol cuando, después de no haber dado el callo durante todo el partido, de no haber hecho lo necesario, y viendo que el reloj se acerca al minuto 90, se juega a la desesperada, chutando el balón desde lejos, a barraca, porque te das cuenta de que el match se te va de las manos … y ya sólo quedan 5 minutos para intentar evitar la derrota. Con 50, todavía quedan muchos años por delante para disfrutar de todo lo que te puede dar la vida. Y tanto si uno piensa que con la muerte te llevas algo de aquí, como si no, vale la pena hacer el esfuerzo de vivir momentos con plenitud, sentir intensamente, experimentar, aprender, compartir, … “

Con este espíritu he estado buscando el sentido de todo. Aquí lo explico un poco.

 

He estado semanas -pensándolo bien, han sido algunos meses- reflexionando con curiosidad acerca de mí misma, manera muy bonita de decir que me he estado sometiendo a un examen crítico porque tengo la sensación de que he de darle una vuelta a mi vida. Es una intuición, solamente; pero es una intuición presente en todo momento, e intensa. Y el problema es que no sé hacia dónde debo dirigir ese cambio.

Con esta necesidad, me he dedicado a leer libros y asistir a charlas sobre los temas más diversos, y no sólo sobre crecimiento personal, … buscando no sé qué; y he escrito también todo lo que he aprendido o las cosas que simplemente me han rondado por la cabeza en mis momentos de reflexión. Me he acostumbrado a llevar una libreta en el bolso y bolis de colores: escribo pensamientos, palabras clave a modo de resumen de cosas que he leído de gurús de renombre que escriben sobre mejora personal (levantarse temprano, meditar, escribir objetivos del día, ser disciplinado, ser agradecido, …); he escrito recordatorios sobre que no hay que evitar las emociones sino que hay que observarlas con ecuanimidad para que no se te coman; recordatorios sobre desterrar los pensamientos negativos (los problemas sólo existen dentro de ti, no existen por sí mismos); etc. Todo con intención de mejorar, de mejorarme, y poder encontrar así el camino del cambio de rumbo que anhelo. Incluso este blog tenía un sentido no sólo lúdico, o de entretenimiento sin más, sino que tomó cierto carácter autoformativo, de autoconocimiento, por la vía de expresar lo que me ha pasado y he sentido, narrar experiencias vividas o imaginadas. Todo alrededor de las emociones.

Así he estado meses, pensando sobre qué deseo, qué me falta y qué quiero, pero no he avanzado mucho, o -diría- nada. Últimamente me he sentido bloqueada, sin inspiración. Y pensaba: “Quizás no estás enfocando bien la reflexión. Quizás  estás siendo muy ambiciosa al querer saber qué quieres hacer con tu vida y tal vez tu vida ya está bien como está y sólo necesitas hacer algún pequeño cambio, como incorporar una actividad nueva , o ser más sociable, o quién sabe”.

También últimamente he constatado que las propuestas de los gurús que os decía, bajo la apariencia de que son propuestas simples de aplicar y de que con ellas obtienes los resultados anunciados y deseados, no lo son tanto, de fáciles. Psicólogos, coaches, “triunfadores” y otros expertos, escriben -unos con más acierto que otros- sobre cómo hay que ser o qué hacer, o qué hay que cambiar para alcanzar el bienestar personal y espiritual (íntimo); cómo actuar o comportarse en casa, en el trabajo, con los amigos o con la familia, y ser así mejor y, por lo tanto, exitoso (no sólo en un sentido material, no). Lo que dicen me parece razonable y, en ocasiones, incluso obvio, pero a menudo estas propuestas, aunque aparentemente son simples y, por tanto, alcanzables, al final resultan difíciles de cumplir: si cada uno es como es no puede haber siquiera un mismo punto de partida para todos nosotros. Cada uno es cada cual y lo que puede funcionar para uno, no encaja en la forma de ser de otro. Y no he encontrado (todavía) ningún método que crea que me encaje. Es cierto que he sacado algunas buenas ideas que no puedo desconsiderar, pero no he podido aprovechar la disciplina de un método completo (supongo que soy una inconstante). Aún así, y aparte de estas ideas aisladas, he extraído una conclusión relevante y es que hay SIMPLIFICAR! Hay que simplificarlo todo. Esta idea, esta premisa, cada vez toma más fuerza en mi forma de entender la vida. Todo debe ser más simple. Debemos hacerlo simple. Simplificar y fluir.

Y justamente con esta idea de la simplicidad en la cabeza, he aquí que un amigo me envió por whatsapp hace unos dos o tres días una “nota” que había enlazado Josef Ajram en Twitter y que dice:

“Quizás te des cuenta algún día que la vida no exigía tanto de ti, tanto sacrificio, tanto cansancio; tal vez sólo te pedía que fueses feliz.”

Apunté rápidamente la frase en mi libreta, porque, más allá de la literalidad, justamente propugna la idea de simplificar. Y a continuación reflexioné: “¿Estoy yo en una fase de complicarme la vida con autoexigencia y esfuerzo más allá de lo necesario con preocupaciones que no llevan a ninguna parte? ¿Estoy recorriendo todo este camino buscando la felicidad cuando en realidad la felicidad ya está ahí y soy yo que no la sé apreciar? “

Este mediodía, mientras comía sola en el despacho (se está bien con el aire acondicionado), he recuperado una de mis libretas y he hecho un repaso de lo que había escrito. He marcado de nuevo con post-it algunas páginas, he subrayado algunos pasajes y palabras clave, intentando encajar esta idea de simplificar: ¡nada! Sólo la sensación de que nada de lo que había escrito me llevaba a ninguna parte.

Para entender mejor lo que vendrá ahora, tengo que contaros que he leído recientemente un breve artículo sobre cómo tener buenas ideas, o más bien cómo se desarrolla el proceso cerebral que conduce a la idea y, curiosamente, las buenas (grandes) ideas no vienen cuando uno está desarrollando una tarea de aprendizaje o de absorción de información, de experimentación (en el que se utiliza una parte determinada del cerebro) sino justamente después, cuando se descansa: la información ya se ha incorporado y en la fase de descanso es cuando se conectan los conocimientos (y trabaja otra parte del cerebro) y se enciende la bombilla, aparece la solución, la idea. Es el “Eureka!” (*)

Volviendo del trabajo a casa, disfrutando del placer de ir en moto, me ha llegado este “Eureka!”, pequeño. Pequeño porque no he encontrado la solución ni la idea brillante que resuelva desde ya mi búsqueda; pero sí que me ha enviado el mensaje de qué es lo que me falta. Y ha sido, efectivamente, cuando estaba en fase de relax, pasando de reflexiones profundas, dejando fluir los pensamientos sin más y disfrutando del placer de conducir la moto, sintiendo como el aire se colaba entre la camisa y me refrescaba el cuerpo. Os lo cuento a continuación.

En estos 10 minutos de trayecto hasta casa mis pensamientos se han secuenciado más o menos así:

“Tengo dos hijos estupendos, diferentes y con sus cosas, pero cariñosos, independientes, y buenas personas, con ganas e ilusiones, que los quiero como nada más en el mundo y que sé que me quieren. No tengo problemas de salud; ni tampoco las personas que quiero. Tengo un buen trabajo que me gusta (en general y la mayoría de los días) y con un sueldo razonable que me permite vivir sin grandes angustias. Por mi trabajo y conocimientos tengo oportunidad de colaborar con algunas universidades dando clases; también doy conferencias y participo como ponente en cursos de formación invitada por asociaciones profesionales de mi sector; actividades todas ellas que quizá me suponen un esfuerzo extra pero que me aportan mucha satisfacción personal y profesional. Tengo tiempo libre para ir al gym o hacer alguna salida de marcha nórdica o con amigos, y me puedo permitir hacer algún pequeño viajecito para airearme de vez en cuando. Tengo todo esto ¡Y no es poco! … y tengo que estar por ello agradecida y lo estoy, mucho. Entonces ¿qué me falta? ¿Qué busco? ¿Qué más necesito? “

Y de golpe, me ha venido a la mente la respuesta, rápida, veloz como un flash, y evidente (mi “Eureka!”): “NECESITO QUE TODO ESTO TENGA SENTIDO”. Que mi vida, objetivamente casi perfecta y por la que estoy agradecida, tenga sentido.

No sé si ésta es la solución, pero creo que he dado un paso importante porque ahora tengo la pregunta clave que tengo que responderme. Ya no es un divagar entre ideas inconexas, entre momentos de ansiedad por no saber qué falla o qué me falta. Creo que ya sé qué tengo que hacer: tengo que buscar el sentido de todo. Y creo que el sentido aparece cuando hay un propósito. Tengo que encontrar MI PROPÓSITO.

Hoy me voy contenta a dormir 🙂

(*) El enlace al artículo que os hablaba sobre cómo y cuando aparecen las ideas:

ideas geniales

Cierre

Como siempre, una canción. Esta vez, una muy conocida de Chambao y que escucho a menudo.

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